Capítulo II
Emblethis
La cacería y el rescate de Ameiko
Cuánto te echo de menos, hermana... Tu risa inocente, y las horas que pasábamos hablando por las noches, contándonos las durezas y crueldades del día. Llevo muy poco tiempo en este pueblo. Y han pasado tantas cosas... Los dos últimos días han sido frenéticos. He estado de cacería y todo. Ojalá estuvieses aquí, te morirías de la risa escuchando las torpezas de tu hermano en el campo.
Fuimos con un noble al que salvé la vida, Aldern Dedalera. En resumidas cuentas estuvimos muchas horas cabalgando, buscando presas y, en mi caso, haciendo tiros fallidos. No conseguí cazar ni una liebre gorda. La jornada fue intensa e interesante. Todo se hizo más interesante cuándo nos paramos a hacer un descanso. De pronto oímos unos ruidos en la maleza, y de allí salió un jabalí enorme, que cargó contra Almeric, uno de los Héroes. Tal fuerza tenía la bestia que acabó con él en el suelo, aunque el joven varisio, Firius, pudo ayudarlo con sus magias.
Después de ese momento la criatura recibió flechas y mandobles hasta que, finalmente, yo lo atravesé con mi estoque. Si, yo. Que extraño, de batirme en duelo en calles sucias y oscuras a matar bestias enormes. Al menos pude demostrar una pizca de mi valor en combate... aunque me muevo entre guerreros, seguro que para ellos no es suficiente. Por cierto, conocimos también a otra criatura, Goshu, un gran lagarto amaestrado por Ashalia.
Volvimos a Punta de Arena, cansados y cubiertos de polvo y sudor. Nos aseamos y festejamos el buen resultado de la cacería. En algún momento de la noche acudió el padre de la tabernera, Ameiko Kaijitsu. Una mujer interesante, seguro que te llevarías bien con ella. Hubo una escena vergonzosa.... que manera de quedar en evidencia en público, y de tratar a su hija. Sin embargo es evidente que ha sido mil veces mejor padre que el bastardo. La escena no duró demasiado, se fue y volvimos a festejar. Anoche dormí como hace años no dormía. Y soñé con nuestra cabañita en Puerto Enigma. Parece que han pasado décadas...
Esta mañana todo se volvió más extraño aún. Nos encontramos a Bethana, la mediana que se encargaba de la taberna, con un ataque de nervios. Parece ser que Ameiko había desaparecido, y había recibido una carta de su hermano en la que le pedía reunirse con ella anoche a las 12 en la fábrica de cristal, que pertenece a su familia. Juramos a Bethania que encontraríamos a Ameiko.
Nos dirigimos a la fábrica de cristal. Allí Ashalia comprobó que había huellas de botas de goblins en una de las puertas que daba a la playa. Había gente paseando por allí, iba a ser difícil actuar con discreción... aunque tampoco parece que mis compañeros crean mucho en ella. De hecho se nos acercó una persona del pueblo, Chod Bevuk. Cuando preguntó que qué hacíamos intenté hacerle ver que nada importante, pero ellos acabaron diciéndole que había goblins y que llamase a la guardia. Por suerte parece que colaboró y no se alarmó del todo...
Descubrimos que dentro había varios goblins. Intenté abrir las puertas pero fallé. Fallé vergonzosamente con todas y cada una de ellas. Hermana... Aun me pesa en el corazón mi incapacidad.
Los guerreros decidieron entrar por el techo. Almeric animó mágicamente una cuerda y la afirmó en algún lugar. Pero no debía estar muy bien afirmada... se necesitaban a dos personas tirando de ambos chicotes de la cuerda para poder subir al techo. Subieron Almeric y Ashalia. Y cuando me llegó el turno comprobé, primero, cómo estaba la cuerda. Tiré con una mano y la cuerda cayó... Por eso tenían que tirar dos personas de casa extremo...
Cogí la cuerda y me dirigí a dar vueltas por la fábrica, buscando algún asidero. En ese momento se nos acercaron la anciana Alma Abertin y su nieta. Cuando vinieron a saludarnos volví a intentar desviar su atención, pero Firius, el muchacho de las cartas, les dijo abiertamente que había goblins y que había que llamar a la guardia. La anciana se asustó y entró en pánico, aquello se llenó de gente y vino un guardia con el arma enarbolada. En ese momento, además, sonó un ruido de cristales rotos que rugió por encima de nuestras voces.Tuve que convencer al guardia de que estábamos ayudando a la ciudad, y pedí a todos los vecinos que se metieran en sus casas. Esta falta de tacto y de discreción nos traerá problemas...
Seguimos buscando algún lugar por donde entrar. Yo miraba el techo, buscando algún asidero, cuando me increparon desde arriba que les lanzase la cuerda. Les hice un buen nudo y se los lancé. ¿Querían ir ellos solos? Pues allá ellos.
Firius y yo seguimos intentando abrir las puertas. El siguió hacia la puerta de atrás, y yo conseguí abrir una ventana, por la que entré. Avancé y avancé durante un rato, hasta que los encontré en la entrada de un sótano.
Estuvimos explorando en silencio aquel lugar. Escuchábamos a los goblins llamar a Tsuto, y a este hablar con ellos. Nos dispusimos allí, acechando en la puerta, hasta que salió un goblin. Acabamos con él fácilmente. De pronto salió Tsuto, saltó entre nosotros y apuntó a Firius con su arco. Le dijo que si quería seguir vivo se fuera de Punta de Arena. Acto seguido, salió corriendo.
Firius se quedó allí, sin perseguirlo, pero yo me lancé detrás suya. Pude pararlo en dos ocasiones, en la primera se me escapó, pero en la segunda le planté cara y le atravesé un costado con mi estoque. Pero él me dio un puñetazo en el estomago que me dejo sin aliento.
Caí paralizado al suelo, y dejé a Almeric y a Ashalia que siguieran persiguiéndolos...




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